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Impressiones sobre os Hunza

Las impresiones de Hunza son de hace más de 15 años atrás…

Talvez una de las razones de que hayan mantenido el estilo de vida por tanto tiempo es el completo aislamiento. Tuvimos que sacar una visa especial para visitar Hunza, por ser zona de frontera entre Paquistán (región del Hindu-Kush), Afghanistán, Rúsia (Pamirs) y China (Sinkiang). Los pocos turistas que acostumbran visitar la región en general son alpinistas profesionales, italianos o alemanes. LLegamos a Gilgit (mirar un atlas), en el norte del território paquistanés. No había transporte para Hunza y tuvimos que alquilar un jeep muy viejito. El chofer, por suerte, hablaba un inglés "silábico". La ruta de tierra seguia a través de las montañas, en algunas partes arenosas, rocosas, áridas; en los valles había puras terrazas con siembras de arroz dentro del agua y los rayos solares se espejaban allí con gran belleza. 

En la ruta cruzamos con dos campesinos que iban a Hunza a pié. Cuando montaran al jeep les preguntamos en tono de broma "si iban pagar el pasaje" y después que el chofer les tradució lo dicho, se reiran diciendo "Chinese, chinese !!!" lo que interpretamos como la posible explotación de los chinos que trafegan por allí, a esta pobre gente. Dias más tarde, vimos un camión militar chino bajando de Hunza a Gilgit y nos acordamos del hecho. Era verano (hemisferio norte) y en algunas partes había pequeños rios que se formaban con el deshielo y cruzaban la ruta. Puntillado en el paisaje, aqui y allí, se veia agrupaciones de pequeñas casitas en los valles.

Bueno, llegamos al pueblo de Hunza el dia viernes, dia sagrado de descancio para ellos (que son en parte musulmanes con una mezcla de creencias locales). Gran parte de la gente estaba dentro de la mesquita o templo.

Lo más involvidable fué el escenário: la magnífica cadena de montañas del Karakorum y clavado al fondo del valle una auto-ruta de asfalto muy ancha, margeando el rio, con sus curvas sinuosas. En los bordes del rio, pura siembra de trigo y ningún ser vivo— silencio absoluto—aire cristalino.

La unica tienda del pueblo estaba cerrada, pero luego avistamos una siembra de melocotones.  Por fin encontramos un señor y gesticulamos, apuntando para la barriga y para los melocotones. Acceso permitido: la primera comida del día: puro molocotones…. deliciosos… pero nos purgaron!!! Nos bañamos en el rio, que tenía color de tierra, pero eran minerales, un agua vitalizante, helada y dura (Dureza del agua = Calcio + Magnesio) que formaba una costra sobre la piel.También tomamos el água, sin ningún problema.

En los dias siguientes pudimos observar el ritmo de vida normal del pueblo. Era época de cosecha del trigo, lo cortában, amontonaban y después cargaban en enormes canastas sobre la espalda, como mochilas. Había dos tipos de molinos: uno con animales (toros), que estában gorditos e bien tratados; el otro tipo de molino era de piedras movidas a agua corriente.

Fuimos en 2 personas, nuestra hermana y esta que les escribe. Nos aceptaron muy bien. Un dia una señora se nos acercó y como estábamos con un vestido bien tropical (con un tirita al redor del cuello y pura tela suelta), amablemente haló el vestido para arriba, como señalandonos para cubrir más los ombros. Después probó nuestros anteojos oscuros y los niños se reían…curiosos y pacíficos.

Lo que percibimos fué que la gente vive una subsistencia digna, no es una miseria penosa. No tenían ningun tipo de aparato eléctrico y en su horas de descancio, sentábanse sobre los techos de las casas (en general de piedras) a placticar y mirar el majestuoso paisaje…una vida sencilla. Observamos una sociedad cerrada, en donde hasta aquella época no había aberraciones, los valores eran obedecidos, la família era sólida. No escuchamos peleas, ni gritos. Y como los musulmanes están proibidos de tomar alcoól, tampoco había borrachos. 

Las comidas eran siempre muy sencillas con hortalizas, panzitos tipo chapatis hindues, hechos allí mismo con el trigo. Un poco de queso, frutas de la época. Los hornos para asar los chapatis eran huecos bajo la tierra con talvez una película de cal en las paredes. Con una curiosa especie de almoada de tela pegaban la masa del pán, con un gesto brusco y rápido, en la pared del horno. Después, con un hierro con un ganchito en la punta, sacaban el chapati listo. Ver una vieja tapa grande de hoya en el suelo era señal de que allí había un horno bajo la tierra!

El chofer se quedó todos los dias en el pueblo, para traernos después de regreso a Gilgit. Fué como un guia y nos ayudaba con el idioma. Con él supimos que los últimos ancianos de más de 100 años ya habían fallecido y que los jóvenes ya querian irse a trabajar en la ciudad Islamabad. Vimos algunos jóvenes en bicicleta y parecían aburridos; con sus miradas tímidas y ojitos muy puros, nos observaban: nuestros relojes, nuestras sandálias, nuestras cameras..
También nos enseño el guia que en raras ocasiones sacrificában un animal para comer.

Saludos,
Pamela Siegel

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